Rufufú

Título original: I soliti ignoti
Dirección: Mario Monicelli
Guión: Age, Scarpelli, Cecchi d’Amico, Monicelli
Fotografía: Gianni Di Vinanzo
Escenografía: Piero Gherardi
Música: Piero Umiliani
Montaje: Adriana Novelli
Producción: Franco Cristaldi
Pais: Italia
Año: 1958
Duración: 100min
Reparto: Dante Cruciani: Totò, Peppe: Vittorio Gassman, Tiberio: Marcello Mastroianni, Mario:Renato Salvatori, Nicoletta: Carla Gravina, Carmelina: Claudia Cardinale, Ferribotte: Tiberio Murgia, Cosimo: Memmo Carotenuto

Para que Cosimo, jefe de una banda de ladronzuelos, pueda salir de la cárcel, Peppe, uno de sus compinches, se acusa del robo por el que fue condenado el primero. Sin embargo, el cuento de Peppe no es bastante convincente y sólo pasa unos días en la cárcel antes de que lo suelten. En el poco tiempo que pasa con Cosimo, Peppe hace que le explique los detalles del golpe en la casa de empeño, que se va a realizar con los compadres Mario, Tiberio, Ferribotte y Capannelle. Este golpe va a ser el más importante y el último de una serie de pequeños robos. Sin embargo, el problema es que nadie, excepto Cosimo, es capaz de forzar una cerradura.

En efecto la banda está formada por un grupo de ladronzuelos de poca monta: Mario, huérfano, siempre está buscando a una sustituta de su madre; Tiberio va tirando haciendo de fotógrafo y a duras penas consigue dar de comer a su familia; Ferribotte, siciliano de Catania, está demasiado obsesionado con los celos; Capannelle es un antiguo mozo de cuadra, ya en la tercera edad, mientras que Peppe es un boxeador sonado. La banda decide entonces dirigirse a Dante Cruciani, todo un experto a la hora de forzar cerraduras y cajas fuertes. Dante, vigilado por la policía, cuando el comisario no le controla se dedica a la enseñanza científica de las técnicas de su oficio.

Mario corteja a Nicoletta, camarera del piso adyacente a la casa de empeño, para conseguir robarle las llaves de casa. Mientras tanto, gracias a una amnistía, Cosimo sale de la cárcel y está decidido a vengarse de la traición de sus compañeros. Sin embargo, mientras intenta robar una cartera, le arrolla un tranvía.

Mientras tanto, los ladrones entran en el piso por la pared equivocada y terminan en la cocina en lugar de encontrar la caja fuerte. Decepcionados, deciden limpiar la despensa y comer pasta con garbanzos y al amanecer abandonan la casa.

i soliti ignoti